Categorized | General

A 61 años del secuestro de Fangio en Cuba

La serenidad y la sangre fría de Juan Manuel Fangio (1911–1995) fueron analizados por médicos deportólogos que descubrieron que el Chueco tenía una condición física asombrosa: Frente al volante antes de largar, y corriendo a 300 kilómetros por hora tenía las mismas pulsaciones: ¡60 por minuto!

Quizás por eso no se alteró esa noche, domingo 23 de febrero de 1958, cuando le apoyaron una pistola en su espalda acompañada de éstas palabras:
–Disculpe, Juan, me va a tener que acompañar…
Todo sucedió en el hall del hotel Lincoln de La Habana, mientras Fangio hablaba con sus mecánicos, su rival y amigo Stirling Moss, que hizo un leve movimiento y oyó:
–¡Cuidado! Si se vuelve a mover, le disparo.

La cosa iba muy en serio.

Un año antes, Fangio y otros grandes campeones de medio mundo habían corrido el Grand Prix de Cuba para autos sport: 90 vueltas, algo más de 500 kilómetros. Y se había impuesto la lógica: primero El Chueco, con Maserati, a 160 kilómetros por hora (promedio), luego de una durísima lucha con el marqués de Portago.

Por eso, la edición 1958 no deparaba cambio ni sorpresa alguna.

Fangio sonrió y le preguntó al muchacho armado


Arnold Rodríguez Camps (derecha) integró en 1958 el grupo que  secuestró a Fangio

–¿Qué quiere que haga?

Y obedeció. Lo llevaron hasta un Plymouth negro que se alejó, acelerador a fondo, por la calle Virtudes, mientras otros dos autos cubrían la fuga.
El de la pistola la 45 dijo:
–Si nos descubren, estamos muertos.
Fangio, lógica pura, sangre fría, le dijo:
–Deme una gorra y unos anteojos… Pueden reconocerme por la pelada…

Pero no había no gorra ni anteojos.

Después de una larga recorrida, cambio de auto y de casa. Entraron por la escalera de incendio. En un cuarto había una mujer con un chico. En el otro, un hombre herido. Un par de horas después, otro auto y otra casa (Fangio, siempre a cara descubierta): el nuevo refugio estaba en el barrio El Vedado, la zona aristocrática de La Habana.

Le pidieron disculpas de todas las formas posibles. Una mujer le preparó papas fritas a caballo. Durmió en una buena cama, y profundamente: nada alteró sus 60 pulsaciones.

Al otro día, Faustino Pérez, uno de los jefes de la ‘Operación Fangio’, le acercó los diarios, pero el Chueco no quiso leerlos ni ver la carrera por televisión:
–No puedo aguantar el ruido de los motores y no estar allí…

Pero nadie ganó. Apenas en la sexta vuelta la Ferrari número 54 del piloto cubano Alberto García Fuentes hizo trompo, salió de la pista y cayó sobre la multitud. Gritos, pánico, fuego. Seis muertos, cuarenta heridos, Grand Prix de Cuba 1958 suspendido.

Poco antes de ser liberado, y después de su cabalgata por autos y casas, Fangio le dijo a Manuel Uziel, otro de los jóvenes secuestradores:
–Señores, tal vez me hicieron un favor. No puedo menos que agradecerles…

Y ésta vez el que hablaba en serio era Fangio. La Maserati 450 con la que iba a correr, propiedad de un norteamericano que a pesar de haber marcado el mejor tiempo en las pruebas del 22 de febrero, saltaba en un desnivel, se elevaba, y al caer rebotaba de lado a lado. Y no era un problema de amortiguadores, como creyeron los mecánicos: había una diferencia de cinco centímetros en la trocha, entre las ruedas. Un desequilibrio que pudo ser fatal.

Sin embargo, el Operativo para liberarlo no fue fácil:
¿cómo evitar que la gente de Batista (el presidente de Cuba en ese momento) lo asesinara y culparan del crimen a los revolucionarios?
Alguien sugirió abandonarlo en una iglesia. Pero una vez más, Fangio resolvió el problema:
–Llamen al embajador argentino y llévenme a la embajada. El hombre es primo del Che Guevara…

Y así, pasadas apenas 27 horas desde el instante de la pistola entre las costillas, y mientras la prensa mundial seguía dedicando páginas enteras al caso, «Me trataron muy bien. Nunca me vendaron los ojos. Cien veces me pidieron disculpas. Me parecieron macanudos. Les dije a los rebeldes que si me habían secuestrado por una buena causa, yo estaba de acuerdo», agregó Fangio ante la consulta de los periodistas.

El Chueco volvió a la Argentina. Desde entonces, la habitación 810 del Hotel Lincoln donde debió alojarse Fangio antes del secuestro lleva su nombre.

Comentarios cerrados.

Advert

The Formula 1 Widget
requires Adobe Flash
Player 7 or higher.
To view it, click here
to get the latest
Adobe Flash Player.

Etiquetas

La Máxima Tweets

Instagram Feed

Something is wrong.
Instagram token error.
Cargar más